Edición  - Internacional - 2,014 -   Lima-Perú
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 El poeta de los amaneceres

Julio César Arciniegas

 

Humberto Pinedo y Susana Baca
JULIO CÉSAR ARCINIEGAS MOSCOSO


 

Contemplación

 

Él ha visto los rostros labrados por el cuervo,

merced del artificio de la contemplación.

Frente a sus ojos discursivos se entrelazan los

espacios, y la semilla y la belleza suspendida bajo sus

promesas y sus aspiraciones de palabras bosquejada.

Sólo cuando lo cortan se abraza a la fuga de las

Estrellas.

 

Caballo

 

Basta oír los extraños ruidos de sus pasos

Sobre los retablos vacíos, para Indicar las más vivas alfarerías

Donde escucho los serallos

Y las agresiones de un país de hueso

Y ahora que ya han bajado del arca los mensajeros

Y trocaron en tinta lo escuchado en la llanura.

Solo ahora calzará los lavados polvos

Como si midiera las diferencias.

 

Cóndor

 

Apenas regresado de otros cielos

Entrevio las carnicerías,

Y una tinta densa humedecerá sus plumas

Es él a quien   envían a la tierra a explorar la muerte

Con la mirada a la salida de la noche,

Unas bocas muertas

Vagan por fuerza en los emisarios de las sombras,

Apenas el cuello despliega sobre la carne suculenta

En las cintas que arrastran un sabor a cieno,

«Pero la muerte es hábil en extender sus apetitos».

 

 

Músicas rosadas



El árbol es un hecho de las aureolas

y de las pesadas esferas sentadas entre el

último

de los proscritos, herederos de las puertas.

Ellos a su vez repitieron el eclipse,

abriéndose a las buenas nuevas de sus

maderas

y al sonido de sus músicas rosadas.

 

 



Luz de los inicios




De puntillas se fue a la luz de los inicios,

donde señorea el arte de las expansiones

y hallan ángeles que enfrentan su primer

vuelo.

Con una especie de sus ramas sueltas

sombreó el juicio último,

el misterio de los árboles fatigados.

Entonces los hombres experimentaron el

gozo

de la caída.

 

 

 

Escritas heridas



Se dice que el árbol cierra el dolor con el fuego de sus células y así no sabe más de sus escritas heridas, de su trato quemante con las estrellas. Se murmura que existe un sitio donde se escucha la otra vida de los árboles extraviados.




Fruto ciego



Es el encantado de la desesperación,

el no amado.

Nadie debe respirar su fruto ciego,

frecuentar sus astros sin horóscopo

ni hablar de las manchas de los demonios

que fluyen de sus flores nocturnas.



Su sentido lo intima con el ángel alucinado

de la roca viva, el arrojado del último coro,

el guardián de la imperfecta sombra,

el de las visiones converso.

 


 

De Bodas de sombra, (Inédito)

 


COMERCIO DE LA LUZ


He quedado ciego de imaginar imposibles
de saber que no me sirven de nada tus manos
que se saben impedidas para los sueños.
He hecho comercios con la luz
con el oficio de las dudas
o la develación de las formas.
Me ha bastado el vacío advertido en la conciencia
lo que me ha privado de crear tu rostro
en este engaño de las vigilias
esta desnudez perdida en las tinieblas.
Me he quedado ciego de imaginar tanto cielo
sabiendo a música.


PROMESA DEL FUEGO


Así, ahondado el suelo en el aposento de la roca
deja sentir la altura de la luz
en el suelo de piedra es más hondo el abismo
y así llegamos a los templos sin nombre
donde se ahonda el camino
con la promesa del fuego.


 


De El último poeta, (Inédito)



APOLLINAIRE


El último poeta que de fuego ha quedado en la guerra En el
rebaño de los obuses
que en fiesta va a la locura de las alas
a los cristos presos por los alcoholes
La alegría llegaba donde hubo la esperanza
o el volumen de su siembra
semidesnudo sobre la vida de las resmas
La granada lo acarició
mientras el papel hablaba con su sangre
el noble fuego le llegaba a las fachadas de donde vendrán
centenares de heridas



EZRA POUND


Estoy aquí en los alambres de la jaula,
desclavando las manos amarillas de los dragones.
Los cantos resistiéndose a cargar el cuerpo de la usura
reordenando tierra.
Tanteantes tronos trabajados en su sangre,
no es verdad esta locura que ahora reconoce suya,
y no deja huellas a los enajenados.
Me hundo una vez más en la pluma enferma



JOSÉ ASUNCIÓN SILVA


Por los tejados húmedos en un lugar han extraviado el
disparo el loco incesto de sus cenizas
la extravagancia que a nadie pertenece
de alguna parte de ese mueble destilan ácidas gotas
aún es azul la ciudad con luciérnagas y sombras
las vidas le traerán lujo a las cifras de sus músicas
un perdón como un remedio para el artificio
por esa noche dorada los fantasmas descienden a
mezclarse con los pasos del suicida alentados por los
muros que preparan la muerte.
Allí crecen en íntimo color la aldaba y las fuertes rejas.
Su disparo lo seguimos reconociendo en el espesos de la
misma luna.
Volviendo la mirada sobre las desoídas cosas.

.


Julio César Arciniegas Moscoso

Rovira, Tolima, Colombia – 1953

Poeta de formación autodidacta, trabajador de la tierra. Publicó en 1999 el libro de poemas LaHumberto Pinedo y Susana Baca Ciudad Inventada. En el 2001, Color de Miedo. En el 2003, Números Hay Sobre los Templos. Su obra poética abre ventanas de nueva y significativa luz para el imaginario fervoroso de los lectores.

Abreviatura del Árbol, es la obra ganadora en el Tercer Premio Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob 2007 en Colombia.

Consumaciones, 2009, publicada por la Universidad del Valle.

Sus poemas han sido publicados en antologías en Venezuela y España.  Invitado a importantes festivales de poesía como el Festival Internacional de Poesía en Medellín, Colombia, y el Festival Mundial de Poesía en México, Zamora.  Sus poemas han aparecido en revistas nacionales e internacionales.  Tiene inéditos 7 libros de poemas.
 

 
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